Se decía que había nacido allí, en la barra de aquel bar de Madrid. No lo sé. Siempre supuse que nacer, quizás no habría nacido allí, pero que morir, morir lo haría allí, sobre aquella barra, siempre en aquella barra, con las copas puestas, con la mirada vacía. De pronto su rostro caería sobre la barra en silencio, sin armar estruendo, porque Carmen era discreta en su desgracia y eso era de agradecer.
Carmen era parte del paisaje nocturno, siempre callada, taciturna, testigo mudo de mil historias que no recuerda, testigo ausente.
En ocasiones la observo, no parece darse cuenta, está sin estar, muerta por dentro, cadáver borracho.
A eso de las diez y media entra despacio, cansada y eso que la noche recién se estrenó. Se acerca a la barra, siempre en el mismo rincón, su lugar en el desorden gamberro de cada noche de juerga. Si alguna vez alguien profana su refugio, merodea incómoda, enfurruñada como una chiquilla contrariada porque le han quitado un juguete, hasta que la final consigue por fin recuperar su guarida. Es entonces cuando pide su primer whisky y con él marca su territorio para toda la noche.
Cuentan que fue la historia de un mal amor que le hizo beber cada noche con amargura, también cuentan que fue la soledad que un día la besó en la boca y se quedó para siempre a su lado y por contar cuentan que fue por culpa del miedo a vivir que buscó en un vaso no tener que hacerlo.
Copa tras copa, pasa la noche, se repiten caras, historias. Se repite la vida eternamente y a Carmen le da igual. Nunca se la oye hablar.
A eso de las cuatro de la madrugada, Carmen se tira del taburete apurando el último sorbo, como si realmente fuera el último trago. Se tambalea y se pierde entre las sombras de una ciudad hostil. Desaparece.
A veces pienso si es real o solo la inventa cada noche la propia noche, dama decrépita y alcoholizada de la noche; una dama sin glamour alguno, una dama que no es dama; una dama-no-dama de un misterio rancio, con olor a naftalina, un misterio sin misterio; una dama desnuda y naufraga en un cubito de hielo con sabor a bourbon.
Copa
tras copa, noche tras noche, Carmen sola Carmen.